Flor dorada que entre espinas
tienes trono misterioso,
¡cuánto sueño
delicioso
tú me inspiras a la vez!
En ti veo yo la imagen
de la hermosa
que me hechiza,
y mi afecto tiraniza,
con halago y esquivez.
El
espíritu oloroso
con que llenas el ambiente,
me penetra suavemente
como
el fuego del amor;
y rendido a los encantos
de amoroso devaneo,
un
instante apurar creo,
de sus labios el dulzor.
Si te pone ella en su
seno,
que a las flores nunca esquiva,
o te mezcla pensativa
con el
cándido azahar;
tu fragancia llega al alma
como bálsamo divino,
y yo
entonces me imagino
ser dichoso con amar.
Esteban Echeverría
